9 may. 2013

Carne picada para la casta.3.- Lo que de verdad importa.



A veces creo que hay cosas que me interesan, pero debo de estar equivocado. Suerte que siempre hay alguien que me dice lo que de verdad me importa. ¡Cómo no, el político de turno!

Son tan prepotentes, tan sordos y tan chulos que se sienten en la obligación de decirnos lo que nos  tiene que importar no sea que nos equivoquemos. Con nosotros -los que levantamos día a día con nuestro esfuerzo este país desesperanzado lleno de llagas buscando en la basura- no hablan, ellos están más cómodos en las mesas de los grandes restaurantes, en las catedrales del dinero y en los círculos donde se conspira, allí donde no llega el ruido de la canalla levantisca incapaz de entender que todo lo hacen por nuestro bien.

Así que allá los  preferentistas, los desahuciados, allá esos seis millones y pico de parados. ¿Para qué preocuparse? Los Palacios de Invierno nunca se tomaron con un megáfono y unos sándwich en la mochila. Ellos se juntan, llaman a sus teóricos oponentes de los otros partidos y todos juntos corren a la televisión de turno a defender sus intereses. Todo lo hacen por la democracia

Jamás me han preguntado lo que de verdad me importa. Nunca me han consultado sobre nada. No, las elecciones no son una consulta popular, son otra cosa. No pido que
me pregunten lo que  hay que hacer, no pretendo solucionar los problemas del mundo. Solamente quiero que se preocupen de  qué me importa, qué me preocupa, qué quiero que solucionen, de qué quiero que se ocupen y en qué  quiero que trabajen. Deberían preguntarme dónde quiero que inviertan mi dinero, dónde no me  importa que se pierda el dinero y dónde me molesta, me subleva y me indigna que vaya a parar nuestro dinero.

Tendrán gabinetes de estudio, grupos de trabajo, equipos de analistas y asesores, pero no se enteran. Lo que de verdad nos interesa a los españoles lo sabemos nosotros, no ellos. Su estrategia para todo lo importante, para lo que nos importa,es dejar pasar el tiempo e intentar distraer al populacho criticando al rival, aunque el enfrentamiento sea falso. El tiempo, ya se sabe, todo lo borra. Así, con un par , sin obligaciones morales, ni tampoco legales. Para eso ellos son los que dictan las  leyes. Y se van impunes a la  cama cada día mientras la rubia de al lado les mira babeante pensando lo machotes que son. Les importa un carajo que lo que tengan entre manos condicione y determine la vida de las personas.

 Es malo que los políticos se equivoquen tanto, pero aún es peor cuando saben perfectamente que están haciendo algo ilegal o al menos inmoral. Si no les descubren, aquí no ha pasado nada, y si les pillan, jamás aceptan su culpa. Atacan a quien les acusa, ensucian a quien pueden y son capaces de negar la mayor evidencia; lo que sea con tal de no asumir ninguna responsabilidad ni sus  consecuencias, no vayan a perder la poltrona. Sus compañeros de partido, como no podía ser de otra forma, les respaldan, muestran públicamente su apoyo y se declaran indignados por el hecho de que alguien tan honorable, tan entregado a su trabajo y a los ciudadanos, sea acusado falsamente.

¿Qué responsabilidad les pedimos por incumplir sistemáticamente sus promesas? Cuando nos piden el voto nos explican lo que van a hacer e incluso juran por su madre que aquello otro no lo  harán. Tardan poco en olvidar sus promesas y empezar a actuar de manera diferente a la que esperábamos.

¿Para qué les hemos puesto donde están, para que hagan lo que quieran? ¿Para que se guíen por intereses distintos a los nuestros, o para que hagan lo que nos prometieron?

Nos tragamos los cuentos y las milongas que nos venden cada cuatro años. Por mucho que sean de «nuestro» partido (que, en realidad, es de todo menos nuestro), no se debe volver a confiar en ellos. Pase lo que pase, el voto es nuestro… es lo único que nos dejan. 

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