12 feb. 2013

Nos mean y dicen que llueve.


Se nos ha caído el andamiaje y resulta que detrás de las lonas con preciosas representaciones del apartamento en la costa decorado en estilo “Urban chic”, sólo había escombros. “Gregorio, coge el ático, te conviene” decía el director de su banco, o del  mío, que igual da. Y ahora resulta que Gregorio está jodido, que unos tipos listos han decidido aplicarle "medidas", porque él es un simple funcionario y ya se sabe, un funcionario puede ser Licenciado en Historia, pero nada comparado con ellos que lo dejaron en segundo de ESO para formarse en las juventudes del partido.
 Así que Goyo a perdido la entrada del apartamento, 30.000 euros del ala que ahorró veraneando en el pueblo con los abuelos los últimos 12 años y aprovechando para llevarse a Madrid un morcón, dos longanizas y un saco de patatas regalo de la tía Gertrudis, ochenta y tres años y aun sembrando la huerta.
 Lo de menos son los treinta mil talegos que dejó sobre la mesa del notario y nadie sabe dónde han ido, ninguno,  ni el notario, ni aquel señor del BMW que decía henchido “Oiga, mis obras siempre las mejores calidades”, ni el director de su banco que insistió  en concederle algo más en la hipoteca y ahora afirma que le debe un riñón y la casa de Alcobendas. Ahora Goyo anda medio deprimido y me habla como en un susurro mientras yo suelto un sonoro “¡Hijos de puta!”. Los dos nos callamos, miramos la pantalla  del bar donde unos golfos con corbata, mercenarios de otros tantos cuatreros, gritan como posesos defendiendo a sus amos, los de la banda que atracó una mala tarde a Gregorio ante notario, los que arruinaron el banco que se llevo los dineros y el piso de ese hombre a cambio de nada, los que le han bajado el sueldo para salvar el banco de la ruina  y la señora madre de tanto personaje .
Los mercenarios de la tele, les decía, gritan y se enzarzan en una pelea dialéctica fingida a ver quien defiende más y mejor a esa otra pandilla de grandes salarios, Audis y mangancia, de frases huecas y mentiras, cantamañanas que no saben lo que cuesta llegar a casa y mirar de frente a la parienta cuando afirma “Ya te dije que tuvieras cuidado”. No lo saben, ni lo sabrán nunca, porque son capaces  de mentir a su madre y sonreír, de hacer declaraciones ostentosas conociendo a ciencia cierta que nada es  verdad, porque ellos ya tienen el chalet en Sotogrande, el daiquiri cada noche en la juerga pagada en cualquier rincón de este infame pudridero en que han convertido un país de honestos Gregorios confiados que han perdido lo más grande, la esperanza.
Así que salimos a la calle y mientras parados en el borde de la acera digo adiós a Goyo,las cosas del destino, un  muy conocido de esos servidores de la patria se baja del coche  al borde  del paso de peatones y nos golpea con la puerta al abrirla, se gira  un momento, nos observa con la altanería de quien cree estar por encima de la media y al margen de todas las cortesias y luego, con hechuras de coronel de infantería, le dice al chofer muy solemne  “A las cuatro y veinte aquí, que no quiero alargar esta comida”, le miro, me mira, me cago en sus muertos por lo alto y el muy cabrón, como que no quiere la cosa...va y me pisa. Gregorio, viendo la que se avecina, me coge por la espalda, agacha la cabeza, me empuja suavemente para dejar el paso libre al interfecto, el fulano no se corta y aún nos mira como un rotweiler  al que robaras su comida y Gregorio, flaco, alto, sabio que te rilas, se encoge de hombros y me dice “Déjalo, no merece la pena matar a uno, de cerdos como este tenemos llena la porqueriza”

7 comentarios:

  1. Así stamos jodidos como tu dices

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  2. Yo tambien grito ¡HIJOS DE PUTA!

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  3. Que grande . que grande. Que grande.
    Graciasd amigo

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  4. Resume lo que está pasando, la rabia, todo. Un abrazo para el autor, le siento mi amigo sin conocerlo.

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  5. Y yo se lo repito. SON UNOS HIJOS DE PUTA Y NO TIENEN PERDÓN. Desde Madrid

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  6. Fenomenal. Mi abuela con Alzheimer lo entendería. Mi admiración para el autor

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