11 abr. 2013

Descargar: Jefes, cabecillas, abusones. (Marvyn Harris)



"¿Había vida antes de los jefes?

¿Puede existir la humanidad sin gobernantes ni gobernados? Los fundadores de la ciencia política creían que no. "Creo que existe una inclinación general en todo el género humano, un perpetuo y desazonador deseo de poder por el poder, que sólo cesa con la muerte, declaró Hobbes. Éste creía que, debido a este innato anhelo de poder, la vida anterior (o posterior) al Estado constituía una "guerra de todos contra todos", "solitaria, pobre, sórdida, bestial y breve". ¿Tenía razón Hobbes? ¿Anida en el hombre una insaciable sed de poder que, a falta de un jefe fuerte, conduce inevitablemente a una guerra de todos contra todos? A juzgar por los ejemplos de bandas y aldeas que sobreviven en nuestros días, durante la mayor parte de la prehistoria nuestra especie se manejó bastante bien sin jefe supremo, y menos aún ese todopoderoso y leviatánico Rey Dios Mortal de Inglaterra, que Hobbes creía necesario para el mantenimiento de la ley y el orden entre sus díscolos compatriotas.

Los Estados modernos organizados en gobiernos democráticos prescinden de leviatanes hereditarios, pero no han encontrado la manera de prescindir de las desigualdades de riqueza y poder respaldadas por un sistema penal de enorme complejidad. Con todo, la vida del hombre transcurrió durante treinta mil años sin necesidad de reyes ni reinas, primeros ministros, presidentes, parlamentos, congresos, gabinetes, gobernadores, alguaciles, jueces, fiscales, secretarios de juzgado, coches patrulla, furgones celulares, cárceles ni penitenciarías. ¿Cómo se las arreglaron nuestros antepasados sin todo esto? Las  oblaciones de tamaño reducido nos dan parte de la respuesta. Con 50 personas por banda o 150 por aldea, todo el mundo se conocía íntimamente, y así los lazos del intercambio recíproco vinculaban a la gente. La gente ofrecía porque esperaba recibir y recibía porque esperaba ofrecer. Dado que el azar intervenía de forma tan importante en la captura de animales, en la recolecta de alimentos silvestres y en el éxito de las rudimentarias formas de agricultura, los individuos que estaban de suerte un día, al día siguiente necesitaban pedir. Así, la mejor manera de asegurarse contra el inevitable día adverso consistía en ser generoso. El antropólogo Richard Gould lo expresa así: "Cuanto mayor sea el índice de riesgo, tanto más se comparte." La reciprocidad es la banca de las sociedades pequeñas."


Así comienza este pequeño opúsculo escrito por Marvyn Harris. El autor trata de mostrar las diferencias y similitudes entre los “jefes, cabecillas y abusones” de las sociedades tribales y los políticos y poderosos actuales. También explora el
ethos consumista como un modelo al que la sociedad “yuppi” aspira para escalar en función de su necesidad social de aceptación en un mundo donde los intereses de grupo, dominan ampliamente sobre la individualidad.

El índice del libro -que dejó continuación-nos muestra la facilidad de lectura del mismo, tanto en por su poca extensión, como por la manera en que escribe el autor.



ÍNDICE

¿Había vida antes de los jefes? 5
Cómo ser cabecilla 11
Hacer frente a los abusones 13
De los cabecillas a los grandes hombres 16
El nacimiento de los grandes abastecedores 20
¿Por qué ansiamos prestigio? 23
¿Por qué consumimos de forma conspicua? 28

Yuppies, ¿Por qué? 32

Del gran hombre al jefe 36

El poder, ¿se tomaba o se otorgaba? 41

El umbral del Estado Los primeros Estados 53



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