28 abr. 2012

Trabajar y/o vivir en otro país. Consejos. Alemania (I) Datos. Sociedad. Cultura


No hace mucho inicie en este blog una serie de artículos sobre las dificultades que conlleva trabajar y/o vivir en un país y una cultura diferente a aquel donde hemos crecido y nos hemos educado. Comencé por Inglaterra y pretendía ser algo que llegara a desgranar la mayoría de aspectos de una determinada cultura, pero, ciertamente, ese no puede ser el trabajo de un blog. Tarde he comprendido que lo que allí comencé a escribir puede ser motivo de un estudio antropológico amplio, e incluso de un libro, pero no de algo tan limitado como lo que aquí se pretende. Dejo los artículos escritos en aquel momento archivados en el blog como muestra de mi error de concepto e inicio algo más acorde con las posibilidades que ofrece una página como esta, algo menos ambicioso, pequeños consejos que sin entrar al fondo de nada nos dé una idea general. Se trata, en definitiva, de mostrar únicamente cuatro ideas generales sobre las que apoyarse, quizá de despertar en aquellos que lo lean la necesidad de ampliar sus conocimientos sobre interculturalidad.
Inicio este primer artículo con un mínimo acercamiento a Alemania, país que está convirtiendose en el lugar de acogida de muchos de nuestros jóvenes más valiosos y con una preparación más sólida. Ya sé que aquellos que tengan decidido claramente su destino en aquella nación del centro de Europa habrán estudiado su idioma, se habrán preparado en múltiples aspectos y estas pocas líneas quizá no le sirven de mucho, pero a los que se encuentren en una primera fase de búsqueda de su futuro podrá darles alguna idea de hacia dónde se dirigen.
Clima: Alemania es tan extensa que en ella se dan diferentes climas, predominando el clima templado en verano con inviernos fríos o muy fríos para un criterio español. Esos inviernos suelen ser nublados y húmedos. Lógicamente también existe una zona con ambiente marino en la costa y alguna otra con clima de montaña.

Religión: Protestantes 34%, Católicos 34%, Musulmanes 3.7%, Otros 28.3%.

Composición étnica: Alemanes 91.5%. Turcos 6.1%. Otros 6.1%, entre ellos griegos, italianos, polacos, rusos, serbios, croatas y españoles.

Población: Sin disponer, en este momento, del dato oficial de la DESTASIS (Oficina Nacional de Estadística), está cifra puede encontrarse en las proximidades de los 82 millones de personas.

Sociedad y cultura.

En el trabajo.
Los alemanes piensan que hay un tiempo para cada actividad. Incluso, frente a esa manía tan española de permanecer una gran cantidad de horas en la oficina para que se nos vea, ellos consideran que el final de la jornada viene marcado por el momento justo en que el reloj marca la hora que nuestro contrato dice. Si usted tiene que quedarse después del cierre puede, además, ser considerado un individuo que no planteó correctamente su jornada laboral.
Esa planificación cuidadosa se extiende a la vida personal y necesitan de ello para sentirse seguros.
Existen líneas claras que marcan la frontera entre las personas, los lugares y
las cosas. Por ello, el trabajo y la vida personal están rígidamente separados.
Las normas y reglamentos están para cumplirse y cada persona sabe lo que se espera de  ella y estructura su tiempo de acuerdo a todo lo anterior.
Los alemanes consideran que conocen la forma correcta de realizar cada tarea, pensar en hacerlo de otra manera es superfluo.

En casa.
La casa está ordenada y limpia en todo momento, cada cosa tiene su sitio y está en él. La razón está en que los alemanes normalmente se enorgullecen de sus hogares, pero sólo los muy amigos y los familiares son invitados, por lo que en ocasiones se convierte en una zona -a veces la única-  de comunicación informal.
El orden, la limpieza y un mantenimiento escrupuloso se extiende al coche, el jardín y las zonas comunes de edificios y apartamentos tales como aceras, pasillos, etcétera.

Las reuniones.
Los saludos son formales y se utiliza un apretón de manos firme y rápido. Tienen, aunque a veces no lo manifiesten, una gran consideración por los títulos y utilizarlos es una señal de respeto, por lo que en ambientes formales lo habitual es utilizar el “señor" o "señora", el título de la persona y su apellido, al menos hasta que se nos invite a utilizar su nombre de pila.
No se considera adecuado presentarse uno mismo al estilo americano, sino esperar a que nuestro anfitrión nos presente al grupo.Una costumbre que puede resultar hasta cómica es que entonces deberemos dar la mano a cada uno individualmente, incluidos los niños.

Los regalos.
Si hemos sido invitados a la casa de un alemán no es de buen gusto presentarse con las manos vacías, un presente es algo imprescindible. Lo normal puede ser unos bombones y quizá un pequeño ramo de flores. No olviden ustedes que -por alguna razón que desconozco- las alemanas tienen una gran predilección por esas pequeñas rosas amarillas que en algunos sitios llamamos "rosas de  te". Desde luego nunca regale claveles, en Alemania el clavel es la flor de los difuntos, al igual que los lirios y crisantemos. Por una razón bien diferente tampoco estarían bien vistas las rosas rojas, podrían indicar que usted trata de conquistar a la persona a la que se las entregue.
Algún amigo español tenía la costumbre de acudir con una botella de buen vino español. Lo hizo hasta que alguien le explicó que los alemanes prefieren, mayoritariamente, los vinos franceses e italianos y no suelen ser demasiado conocedores de los de otros países. Por otro lado, supe que en algún momento su regalo había sido interpretado como una afrenta, los dueños de la casa consideraron que les estaba diciendo que el vino que se serviría en su mesa, quizá no fuera de buena calidad.
Cuando entregue el regalo, si este viene envuelto, debe esperar a que el anfitrión lo habra. Lógicamente, si usted recibe un regalo, deberá abrirlo y agradecerlo cuando se lo entreguen.

La invitación a una comida.
Si va a comer en casa de un alemán llegue justo a la hora de la cita, eso significa lo que se ha dado en llamar "puntualidad germánica", ni un minuto antes ni diez después.
Pongámonos en el peor de los casos, usted ha tenido un accidente, ha sido detenido por la policía o se ha hundido el mundo a sus pies, pues bien, resucite, sacúdase ligeramente el polvo del desastre y llame  inmediatamente a sus anfitriones para decir que va a llegar esos 10 o 15 minutos tarde.
En Alemania la invitación a una comida formal no acaba con los postres, ésta continúa al día siguiente en que usted no debe olvidar enviar una nota, si es manuscrita mejor, en que agradezca a sus anfitriones la hospitalidad brindada.

Comiendo.
Es costumbre permanecer de pie hasta que nos inviten a sentarnos y desde luego, tampoco debemos de ser nosotros quienes elijamos nuestro asiento, casi con seguridad este nos será indicado por los anfitriones. Si estamos en un ambiente formal no debemos tocar ni la servilleta hasta que la anfitriona no tome la suya y la ponga sobre su regazo, tampoco apoyar los codos.
El que los alimentos estén en nuestro plato no significa que podamos empezar a comerlos, es casi seguro que alguien dé la señal de partida con un  "Guten Appetit" pronunciado lo suficientemente alto para que todos puedan oirlo. Entonces será el momento de comer hasta agotar la ración que tenga en su plato, no comerla completamente puede suponer un desaire para la persona que lo cocinó.
Usted es el invitado y no le corresponde realizar el primer brindis, ni siquiera para halagar a las personas que le han recibido en su casa y su mesa, esa es una prerrogativa del anfitrión, pero una vez que éste lo haya hecho deberá responder a ese brindis, lógicamente sólo si es el invitado de honor. Ese invitado de más categoría devolverá el brindis en nombre de todos los demás, si es con vino suele utilizarse a la expresión "Zum Wohl! (Salud), en los brindis con cerveza  la frase se condensa en un simple  "¡Prost!", cuyo significado viene a ser el mismo.

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