12 abr. 2012

Comunicación No Verbal: Diferencias Culturales- BRITÁNICOS (9) Códigos de conversación. El saludo.La única regla válida.


Hemos hablado de las dificultades que tienen los ingleses en el momento de la presentación. En efecto, en la práctica empresarial no tienen nada que ver con los americanos. Estos últimos es posible que se dirigen a usted diciéndole "Hola, soy Peter Greene y trabajo en el Banco de América", pero en Inglaterra no, usted no puede acercarse a cualquiera y decirle "Hola, soy Pedro Pérez". De hecho, la única manera de introducirse en esos ambientes es… no introducirse en absoluto. Pero no se preocupe, ya hemos dicho que el mejor modo de iniciar una conversación es un comentario sobre el tiempo.
El enfoque temerario de "Hola, soy Bill Brown de Minnesota", más aún si viene acompañado de esa amplia sonrisa y la mano extendida esperan un fuerte apretón como acostumbran los americanos del Norte, hará aparecer una mueca en la cara del inglés. Los británicos consideran este tipo de presentación la exposición de algo íntimo y embarazoso. Como máximo no responderán con una sonrisa forzada y un simple "Hola".
Los ingleses no quieren saber nuestro nombre, ni tampoco decirnos el suyo hasta que un nivel mucho mayor de intimidad haya sido establecido. ¿De qué nivel de intimidad hablo? Lamento decírselo, pero posiblemente tenga usted que casarse con su hija, la fea, para conseguir eso de lo que estamos hablando y aún así es posible que no lo consiga.
Puede sorprendernos en alguna ocasión el intercambio nombres, el mundo es global y ocasionalmente nos encontraremos con alguien que trate de comportarse como si perteneciera otra cultura, pero siempre es conveniente esperar a que sea la otra persona la que tome la iniciativa. No pasa nada, este tranquilo aunque llegue el final de la tarde sin saber cómo se llama aquel con quien usted está hablando. No se preocupe, para él no es necesario tampoco  conocer el de usted. Sin embargo la despedida es un buen momento para decir algo como "Adios, ha sido muy agradable conocerle. Por cierto, no conozco su nombre". Ese es el momento también de dar el suyo, pero hágalo sin demasiada ceremonia, sin alargarlo, como si fuera algo sin ninguna importancia "A propósito, soy Pedro Pérez". ¿Que parece el mundo al revés? ¿Que las presentaciones se hacen al principio? No lo crea, en Inglaterra no.
Puede suceder que en alguna reunión social en un ámbito formal, algo así como una cena, el anfitrión se dirija a usted con
la antigua forma (ya hemos dicho que trasnochada) del "¿Como esta usted?". Pues bien, ni se le ocurra responder "Bien, gracias". Su interlocutor no pregunta por su salud, siempre será mejor una respuesta del tipo "Contento de estar con ustedes". Tampoco de esta manera nuestro éxito en la introducción está asegurado. Ellos, los ingleses, analizan todas las frases de ese tipo y es posible que su razonamiento vaya por el camino de imaginar que usted está mintiendo en algo que no es necesario. En definitiva, la formalidad inglesa es embarazosa, la informalidad lo es también. Todo es embarazoso.
La única regla válida.
Entiendo que lo anterior es un galimatías que nos lleva a un callejón difícil de recorrer. La única regla en toda esta confusión sobre introducciones y saludos es una, para parecer mínimamente inglés hay que realizar estos rituales mal, muy mal. Hay que parecer tímido, que uno no se encuentra a gusto, incómodo, que se es más torpe de lo que realmente somos y qué estamos un poco avergonzados. La desenvoltura y la confianza son inadecuadas allí. Puede parecer sorprendente, pero la vacilación, y el nerviosismo sobre el comportamiento correcto. Las introducciones deben ser realizadas tan apresuradamente como sea posible y de una forma absolutamente ineficaz, no revelar nunca nuestro nombre y si creemos llegado el momento de hacerlo mascullarlo, las manos en un estado intermedio entre el ofrecimiento para el saludo y la ocultación… y retirarlas torpemente a continuación. El saludo apropiado puede ser algo similar a  "¿Er, cómo, um, plstm-, er, hola?'".
Si usted es un hombre socialmente abierto y experto en abrirse a nuevas relaciones, o viene de un país donde estos asuntos son manejados de una manera más razonable y franca, es decir, de cualquier otro país del mundo si exceptuamos algunos orientales, tardará un tiempo en conseguir el nivel requerido de incompetencia para saludar adecuadamente a un británico.


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