18 mar. 2011

“Señor, tienen miedo, pero matareis a todos sin conseguir vuestro propósito”

"La primera pequeña mentira que se contó
en nombre de la verdad, 
la primera pequeña injusticia que se cometió
en nombre de la justicia, 
la primera minúscula inmoralidad 
en nombre de la moral, 
siempre significarán el seguro camino del fin."
Václav Havel

Les cuento algo muy poco conocido. Harry Truman y sus colaboradores creían que Little Boy, la bomba lanzada sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 haría que los japoneses firmaran el armisticio, pero ellos respondieron con un simple “No, moriremos todos”. El 9 de Agosto arrasaron Nagasaki y otra vez su respuesta fue “No, moriremos todos”. Nadie entendía la decisión tomada por aquel pueblo hasta que el documento presentado cayó en manos de   Margaret Mead, una Antropóloga Social que le dijo al
Presidente: Señor, tienen miedo, pero matareis a todos sin conseguir vuestro propósito”. Mead les explicó que en ninguna parte del documento se alababa el valor, la determinación, ni se honraba a los que habían luchado por el pueblo japonés. Si firmaban aquello la vergüenza sería peor que la muerte. Tenían que honrar a los suyos, la honra era de todos o de ninguno. Se añadió un pequeño párrafo -apenas tres líneas- y cuando la tercera bomba ya estaba preparada los japoneses firmaron su rendición.
Aquellos hombres y mujeres se sienten solidarios, muestran su bonhomía y su  determinación en la desdicha mientras aquí -incluso un Comisario de Energía (Günther Oettinger)- somos incapaces de medir nuestras palabras y es hora de hacerlo, no sólo las palabras, las sílabas casi, los fonemas, porque las hemerotecas son crueles y algún día pasarán factura. Es verdad que Japón está sumido en el caos, pero no todo, la televisión presenta un éxodo masivo que colapsa el aeropuerto de Tokio, a todas luces mentira viendo el vídeo adjunto, otro informativo presenta una manifestación como "la primera protesta ante el gobierno japonés", les garantizó que se trata de un grupo de personas pidiendo ánimo y colaboración a todas las personas en una calle de la misma ciudad, es más, cualquiera que conozca mínimamente el japonés –dada la simplicidad de las consignas -podrá decirles que piden que se apaguen las luces para disminuir el consumo eléctrico y se ayude a los conciudadanos que lo necesiten. En esas estamos, en los peores momentos de una nación, cuando sus hombres y mujeres se agigantan para hacer frente al desastre, la gestión informativa de nuestros medios alarma en vano, peor aún, se revuelca en el lodo para generar un miedo que nos mantenga pegados a las pantallas aumentando su "share" porque eso es dinero.
Así que claro, nos extraña que aquel pueblo siga trabajando, nos muestre su valía, su serenidad, su temple y disposición mientras en la vieja Europa el croar ensordecedor de los sapos en la charca mediática nos aturde expandiendo porquería e intereses. Mientras vemos la entereza de aquéllas gentes nos asalta desde la pantalla del televisor una banda de cuatreros doctos, sabios y eruditos que -porque vieron las fallas una vez - se sienten capacitados para pavonearse, mientras expanden la psicosis y transmiten el miedo a la  energia nuclear con la suficiencia de un Oppenheimer.
La situación es grave, pero el sensacionalismo y el pánico, la mentira y el miedo ante algo que no ha provocado ninguna muerte, olvidando y menospreciando los miles de muertos que ha causado el mar, es imperdonable. Egoístas, utilitarios y obscenos, faltan al respeto a esas víctimas inocentes desenfocado el objetivo para fijarlo solamente sobre aquello que puede afectar a sus miserables vidas. “Los muertos que los entierren, nunca podrán hacernos daño” parecen decir estos ventajistas y agitadores. A ello s sólo les importa aventar esa polémica torticera sobre la energía nuclear, la cual ya casi parece ser la causante del tsunami.
Los políticos tambien, se bajan los pantalones para seguir pescando votos ante unos cuantos bienintencionados y muchos más agitadores profesionales que -apoyados ahora por un lobby eléctrico a la caza de dinero- obviando las opiniones técnicas y sin decir nunca a que están dispuestos a renunciar a cambio de no producir electricidad, nos hablan de apocalipsis, sin saber qué esa palabra (Αποκάλυψις) sólo significa revelación.
Mientras aquí chapoteamos en la ciénaga de la mentira y el catastrofismo interesado como muestra el vídeo adjunto, allí unos héroes anónimos se juegan la vida en una lucha titánica sin vanagloriarse de su sacrificio y abnegación, poniendo los intereses generales por delante de los individuales, justo al revés de lo que nos enseñan a diario sin sentir la más mínima vergüenza muchos de los que nos rodean. La histeria, el egoísmo, el amarillismo interesado y en el mejor de los casos la despreocupación y la falta de respeto a los que murieron ahogados, el pensar sólo en nosotros, en lo que nos puede pasar, sin poner en un lugar preeminente el comportamiento de todo un pueblo ante esa trilogía del horror que a supuesto el seísmo, el tsunami y la alerta nuclear. Está claro que un pueblo trabajador y unido, incluso en la desdicha de este inmenso desastre, da lecciones al conglomerado de seres ramplones y soeces que somos cuando perdemos el respeto a los héroes y los muertos.
Todos a pensar en lo nuestro, el hombre de la calle rezando a un Dios que apartó de su lado hace tiempo para que no le lleguen los aires fétidos del uranio, no vaya a ser que se le caigan las orejas, los dueños de los molinos y las placas solares viendo la oportunidad de aumentar sus beneficios en bolsa, los periodistas –o no- que pululan por todas las tertulias pontificando sobre tonterías bien pagadas, sin empacho porque su desconocimiento e ignorancia del tema les impida entender que el sentido del deber y del honor engrandece cada una de las historias humanas que podemos vislumbrar en los gestos de aquel pueblo.
Europa ya no puede comprender los estrictos códigos de conducta que muestran no sólo los llamados “héroes de Fukushima”, sino la gente normal cuando hace lo que tiene que hacer, las “PERSONAS”, aquellos a los que su devoción por el trabajo, por la palabra dada de defender a su pueblo aun a riesgo de su vida, aquellos que ponen su honor y su dignidad en seguir arriesgándose hasta el sacrificio cuando está en juego la vida de sus compatriotas, todos esos ya no pueden ser entendidos por quienes desprecian la disciplina, el respeto a sus conciudadanos, el honor y la verdad. Buscaremos cualquier soplapollas mediático para darle el premio Nobel de la Paz, olvidándonos de esos 50 hombres que se inmolan echando agua a un fuego paradójicamente fundado en la energía de un océano. Ellos sí merecen el Nobel de la Paz, muchos de nosotros el desprecio por el miedo al miedo, por no informarnos de lo que pasa sino de lo que puede pasar, por no pensar en su ejemplo y por hablar más de nosotros que de ellos, por imaginar solamente como podemos salvar nuestro intrascendente culo en vez de buscar la forma de ayudarles sí lo necesitan y nos lo piden, por ser pequeños y asustadizos… por ser como somos.

4 comentarios:

  1. ¡Cuanto tenemos que aprender en esta España en descomposición!. Un antropólogo

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  2. Pues es verdad compañero anónimo. Siempre tenemos algo que aprender de los demás, pero dudo que en la situación actual de la educación pudieran ser aceptados por nuestros compatriotas como modelo algunos conceptos como el yamato-damashii de los japoneses, u otros códigos como el Bhusido y sus siete virtudes que rigen la vida:
    Siete virtudes del Bushido
    * R Rectitud ( 义 , gi)
    * Coraje ( 勇 , Yu)
    * Benevolencia ( 仁 , jin)
    * Respeto ( 礼 , rei)
    * Honestidad ( 诚 , makoto)
    * Honor ( 名誉 , Meiyo)
    * Lealtad ( 忠义 , chūgi)

    Tampoco están de moda sus virtudes asociadas
    * La piedad filial ( 孝 , ko)
    * Sabiduría ( 智 , chi)
    * Cuidado de los ancianos ( 悌 , tei)
    Un saludo

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  3. Interesante el asunto sobre Margaret Mead. Gracias ppor descubrirnoslo.

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  4. Intentaré poner algún libro de mead para quien quiera conocer más de ella.
    Un saludo

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