20 ene. 2011

LIDERAZGO (3)- Desde un planteamiento militar(I).


El 14 de Octubre de 1806 no fue un buen día para los ejércitos prusianos, las batallas de Jena y Auerstedt dieron cuenta de ellos frente al ejército francés. Fueron dos batallas simultáneas sucedidas bajo un cielo brumoso ante un enemigo potencialmente inferior. El ejército francés no solamente acabó con su orgullo militar, sino que aquello fue devastador a todos los niveles. un hombre, David Scharnhorst, Jefe de Estado Mayor del ejército prusiano tomó el mando de un grupo de reformadores dedicados a buscar las causas de aquellas derrotas, sólo una vez comprendidos los porqués de aquel suceso se podría afrontar la transformación del ejército para que no volviera a suceder.
Scharnhorst concluyó que no se trataba de un problema de valentía, habían sido valientes luchando y añadió “pero no hemos sido lo suficientemente inteligentes”. A partir de ahí planteó una serie de reformas basadas en ese conciso análisis. El ejército prusiano, una máquina bien engrasada, funcionó de una 
forma centralizada y nadie había tomado medidas por su cuenta, todos habían recibido una orden antes de hacer el más mínimo movimiento.  Todos acataban su cumplimiento mediante la coacción, al estilo de la famosa  "Teoría X" de Douglas McGregor
Por oposición, el ejército francés en 1806 era un ejército heredado por Napoleón de la Revolución y estaba formado por ciudadanos altamente motivados. Ciertamente no había tenido tiempo para practicar ejercicios militares, por lo que uso principalmente la infantería ligera, la cual se introdujo entre el ejército prusiano como lo hacen las abejas de un enjambre, sin orden ninguno, actuando cada hombre según su entendimiento le dictaba. El ejército francés era, en términos de McGregor, una organización de "Teoría Y", donde la convicción forzaba al compromiso.
Scharnhorst entendió que la transformación del ejército prusiano debía comenzar transmutando a las personas y la “cultura” de sus ejércitos, empezando por la selección de los oficiales y la formación de los mismos. Buscó personas inteligentes, de mente independiente y carácter fuerte e impaciente. En 1810 estableció en Berlín la Escuela General de Guerra que daría a esos individuos una visión común, un lenguaje y un conjunto de valores identitario. La búsqueda de talento y de comportamientos correctos  se pusieron en marcha como un primer paso. En la larga paz que siguió a la derrota de los ejércitos de Napoleón en la batalla de Waterloo en 1815 aquellas reformas pasaron a ser algo secundario, pero un grupo de personas influyentes supieron mantener el espíritu inicial vivo.
Otro defensor de la acción independiente
En 1857, una figura poco conocida fue nombrado Jefe del Estado Mayor. Von Moltke, Mariscal de Campo que fue uno de los personajes surgidos de aquella escuela. Tras la victoria sobre los austriacos en la batalla de Königgrätz absolvió –ante la sorpresa de todos- a los dos generales del ejército enemigo que habían tomado la decisión de presionar y así, al exponer sus flancos, habían propiciado la victoria de las tropas de Von Moltke. Lo hizo después explicar a sus subordinados que era fácil juzgar sus acciones después de haber sido derrotados, pero que aquellos hombres habian tenido la voluntad de victoria sin miedo a las represalias, habían asumidos riesgos en la situación menos favorable, la guerra, y que probablemente sólo se habían equivocado en los tiempos, si hubieran realizado aquella agresiva acción al principio del día o el resto del ejército austriaco les hubiera apoyado, hubieran vencido a un enemigo mucho más potente. Moltke terminó su disertación diciendo “La obediencia es un principio, pero el hombre está por encima de este principio”.
Cuando asumió al mando en la campaña contra Austria de 1866 muchos de los comandantes de su ejército no sabían quién era aquel médico y pensador, experto en el campo de la estrategia y el liderazgo. Un adelantado en lo que hoy denominamos organización y gestión. Pronto se dieron cuenta de que aquel hombre, el primero de la era moderna en desarrollar un modelo de ejército basado en unidades de funcionamiento básico, conocido hasta hoy como Auftragstaktik, que plantea la acción independiente por parte de los subordinados como cuestión de principio estaba dejando un legado que sería estudiado por otros ejércitos y algo aún más sorprendente… por los expertos en organización empresarial.
               La sorpresa vino cuando en la memoria sobre la campaña enviada al rey en 1868 realizó una autocrítica en el sentido de que aquella campaña había demostrado unafalta de dirección desde arriba y muchas acciones independientes de los niveles inferiores de mando”. Planteaba que durante la campaña, mucho subordinados habían actuado de forma independiente sin entender la forma en que la victoria pretendía ser alcanzada, llegando a la conclusión de que era vital asegurar que todos los niveles conocieran suficientemente las intenciones de los superiores para que la organización pudiera cumplir su objetivo. Dejaba claro que no quería poner un freno a la iniciativa, pero sí dirigirlo en la dirección correcta.
En 1889 Moltke publicó un documento llamado Guía para Comandantes Mayores de Unidad  que se inicia haciendo hincapié en la importancia de que las decisiones estén claras en contextos de incertidumbre que hacen imposible la planificación perfecta. Afirmando, por ejemplo que “Con la oscuridad alrededor, tienes que desarrollar una idea de lo que es correcto a menudo basada en poco más que conjeturas y emitir órdenes con el convencimiento de que su ejecución se verá afectada por todo tipo de accidentes al azar y obstáculos y imprevisibles. En esta niebla de la incertidumbre, la única cosa que debes tener en la cabeza es la decisión propia… La manera más segura de lograr un objetivo es a través de un único ejercicio, el que dicte nuestro cerebro ”. Deja claro que para lograr que un cuerpo de ejército funcione como un único cerebro, las órdenes deben ser transmitidas “hasta el último hombre”. Según él, el ejército debe estar organizado de tal manera que se componga de unidades capaces de llevar a cabo una acción unificada desde el nivel más alto al más bajo. La cadena de mando y el proceso de comunicación deben garantizar que las instrucciones se puedan transmitir, pero puesto que esa cadena de mando puede sufrir una interrupción, todas las personas, en todos los niveles, deben conocer lo que de ellos se espera, los objetivos y la forma de alcanzarlos.
Moltke fue un militar exitoso y un hombre admirado y la enseñanza que nos deja implica un amplio conocimiento de la mente humana, quizá debido a su condición de médico y experto en otros ámbitos que le permitían mirar al ejército con ojos nuevos. Sus palabras pueden ser interesantes para cualquier manager que pretenda alcanzar el éxito en sus planteamientos y cumplir los objetivos ayudado por su equipo.

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