1 jun. 2010

TODO SON DUDAS.

Si hace un par de semanas me dicen que voy a estar dos días en un convento me rompo el coxis de la risa, siempre he pensado que existen cosas para las que no estoy preparado. Mi legítima se aficionó hace tiempo al yoga y allá va corriendo, a desestresarse del stress que le produce tener que dejar a un paciente con la palabra en la boca para poder llegar a la hora a su clase. De ahí deduje que el yoga es tan tranquilizador que a mí me pondría muy nervioso. Su insistencia en realizar
un crucero nunca llegó a buen puerto, una hamaca en cubierta bajo el sol y con la mar como un plato no me atrae y –de momento- ella no está por la labor de tirar de jarcia en un pequeño velero para evitar que la tormenta que lo zarandea también lo desarbole. Trato de decir con esto que los lugares con excesiva calma, aunque sólo sea aparente, no son mis predilectos.
Pero mire usted por dónde hoy tengo que corregir y aceptar lo que parecía inaceptable. Resulta que un amigo -del que no voy a dar el nombre porque ya lo he citado en otro lugar de este blog y no es cuestión de repetirse- me pide que me encierre un par de días en algún hotel rural, con la intención de  que enseñe no se qué a 20 tipos que seguramente saben mucho más que yo. ¡Pero hombre, si lo de uno en este campo es dar conferencia de una horita y a correr, que a lo mejor no doy para mucho más! El tipo es insistente, milonguero y… AMIGO. Así que, allí me tienen ustedes diciendo que sí a un “yo que sé que qué sé yo”.
¡Y llegó el día!- “Ber, muchacho, nos vemos en Caleruega, cerca de Aranda de Duero”. Servidor (nunca sabré hasta dónde llega mi candidez) se dijo: “¡Coño, qué detalle! Caleruega, en la Ribera del Duero, con la que dicen que es la bodega más antigua de España, un vinito, luego a comer un buen asado en Aranda y que sea lo que Dios quiera.” Pero parece que Dios quería otra cosa. Cuando marque su teléfono (con el manos libres, oiga, por si acaso los de verde…) para preguntar dónde quedaba la bodega y me dijo que subiera "al centro del pueblo, justo al lado del lugar donde nació Santo Domingo de Guzmán, delante del monasterio de los dominicos, en el lateral derecho del de las dominicas"... algo no me cuadraba. Y allí estaba él esperándome para decir que el curso se iba a celebrar en ese monasterio. Dos días paseando entre sus muros, durmiendo en una sencilla habitación, comiendo sopitas de convento cocinadas por las manos amables de las monjas y sin muchas distracciones, a ver si los “alumnos” podían asimilar lo poco que yo pudiera enseñar. Les juro que me dieron ganas de comprar unas pastas de las monjas y volver por donde había venido. ¿Será canalla?
Veinticuatro horas después me tragaba mis pensamientos y decidía que el capítulo del libro –de texto, oiga. Si han leído algo de este blog, ya saben que mi prosa no da para novelas- que hay que terminar en fecha y no veo forma de hacerlo, se escribiría entre los muros de ese convento.
Así que –y todo lo anterior ha sido para confesar esto- una de las pocas creencias firmes que creía tener se ha venido abajo, tendré que plantearme lo del yoga, el crucero, intentar quedarme en la playa tumbado al sol más de cinco minutos y probar la comida china, las únicas convicciones firmes que me quedaban. Todo lo demás ya eran dudas.

5 comentarios:

  1. Para los que lo veais. NO DEJEIS DE VER EL VIDEO.
    Mariana. Valencia

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  2. A la primera trivial, pero no lo es, gracias por hacerme dudar.Desde Salamanca

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  3. Salamantino, tienes razón. El antrópologo es un máquina

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  4. Anónimo, el antropólogo te agradece tu comentario, pero al otro de Salamanca y a mí nos gustaría que nos llamaras salmantinos, aunque salamantino no sea la primera vez que lo escucho.
    Un abrazo y gracis de nuevo.

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  5. Me gusta leer el bloog, se nota una persona con una sensibilidad especial, algo acido a veces, pero suele tener razón cuando se le nota enfadado. Me gusta lo que escribes. ¿Me estaré enamorando? Angela, Las Palmas

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